VIAJE A PALENA (Chile)
Soy José (52), un motero que se hizo de grande (no con mucha experiencia) pero sí con mucha garra y ganas y que, aunque algo tarde, gracias a dios pude descubrir esta pasión que me está permitiendo disfrutar de ricas experiencias como ésta que les paso a contar.
Hoy me levanté como siempre que salimos de viaje en moto, temprano y con esa expectativa y sensación de libertad que solo un motero sabe interpretar. Saqué a mi “Morocha” (Honda Tornado XR-250 año 2007 color negra) del garaje y pasé a buscar a mi compañero Micho (62)por su casa (en pleno centro de Esquel, Chubut) donde residimos, quien ya me estaba esperando con su Kimco Venox 250año 2008 en la vereda (siempre tan responsable y puntual). Revisamos por última vez las motos (compañeras inseparables de múltiples travesías) sujetando bien los bidones con nafta (auxiliares) dado que el recorrido a emprender es largo y no hay surtidores en muchos kilómetros. Esta vez decidimos conocer Palena, una localidad Chilena distante aproximadamente l50 km. al Sud-Oeste de Esquel, todo por camino de cordillera, rodeados de arroyos, ríos, montañas y lagos. Iniciamos nuestra travesía a eso de las 9 de la mañana, con un día algo nublado, pero agradable sin viento ni lluvia y a las 12 ya estábamos en la frontera, donde luego de los trámites de rigor, ingresamos en el país vecino. Hasta allí toda la ruta es de ripio, salvo los primeros 25 km De Esquel a Trevelinque está asfaltado, y si bien está en relativas buenas condiciones, hay que prestar mucha atención porque el menor descuido te puede hacer perder la estabilidad dado lo sinuoso del terreno, los huellones existentes, con partes de pedregullo suelto, el tránsito permanente de vehículos (es ruta internacional) y la aparición de animales sueltos en algunos lugares, especialmente vacunos. Mi “Morocha”en estos caminos se siente a sus anchas, y también la Venox de mi compañero se comportó de manera espectacular, aunque él hace la diferencia cuando nos tocan las rutas de asfalto. El paisaje es tan maravilloso del lado Argentino, como del Chileno y a eso de las 12.30 hs. con un sol radiante y una temperatura mas que agradable, luego de arribar al primer pueblo chileno (Futaleufú), pequeño y pintoresco, pero enormemente afectado por ceniza volcánica, proveniente de la erupción ininterrumpida desde mayo último del volcán Chaitén (ubicado al pié de la localidad que lleva el mismo nombre y casi desaparecida a consecuencia de este fenómeno), nos detuvimos a degustar unos sándwich (que nuestras esposas nos habían preparado en casa antes de salir) al pié del lago Lonconao, admirable por sus bellezas naturales. Ya en esa parte se comenzó a ver y sentir las cenizas suspendidas en el aire del volcán Chaitén (distante unos 100 km) y una hora después, previo agotar el contenido del primer bidón auxiliar (entre las dos motos) reiniciamos el viaje y el camino se fue tornando cada vez mas sinuoso, tal es así que en todo el trayecto mantuvimos una marcha de entre 30 y 50 km por hora, con múltiples subidas, bajadas, curvas y contra curvas en medio de un paraíso realmente increíble y que nos hace sentir tan privilegiados de poder vivir en él. A medida que nos introducíamos cada vez más en territorio chileno pero siempre cerca de la frontera con nuestro país y hacia el sur, la ceniza volcánica se hacía cada vez mas intensa a tal punto que en un momento se volvió nublado (esa experiencia ya la habíamos vivido en el mes de mayo en Esquel) en los primeros días de erupción. Así llegamos a Puerto Ramírez donde se junta la ruta al Río Grande, con puentes colgantes y lugares que más se parecen a una postal que a algo natural. De allí siguiendo los carteles indicadores atravesamos pequeños pueblitos como El Malito hasta llegar finalmente a Palena, ciudad ésta también muy pequeña pero algo más grande que Futaleufú y donde encontramos una casa de té para descansar un poco y tomar algo caliente. Eran las 17 hs. aproximadamente y vimos parte del partido que nuestra Selección Argentina disputaba con Paraguay por las eliminatorias del próximo mundial. Revisamos nuestras fieles máquinas, las cuales estaban intactas, y continuamos nuestro viaje de regreso, pero esta vez por el paso fronterizo Carrenleufúa escasos 15 km. de allí (muy similar a lo ya recorrido por tener las mismas características, montaña, bosques interminables, arroyos, cascadas, puentes y ríos). Cuando habíamos recorrido los primeros 3 km más o menos, debimos detenernos dado que en sentido contrario y ocupando todo el ancho del camino, venía un arreo de vacunos. Yo dejé mi Tornado en marcha ante la eventualidad de que algún ejemplar (que pasaron casi rozándonos), decidiera desplazarme de su ruta con sus peligrosas cornamentas (no olvidemos que los intrusos éramos nosotros), pero solo nos observaron con desinterés al igual que los arreadores, tres “guasos” chilenos muy bien montados de a caballo. Seguimos nuestro camino hacia la frontera donde arribamos a eso de las 18 y previo los trámites migratorios de rigor llegamos enseguida a territorio argentino, precisamente a Carrenleufú, pueblo pequeño y muy pintoresco donde desde hace algunos años se organiza la “fiesta de la pesca del salmón del pacífico”, por lo cual se ha hecho muy conocido y popular, donde lo primero que observamos es el predio preparado para la realización anual de la misma a orillas del río que lleva el mismo nombre y justo en la frontera con Chile , un lugar bellísimo por cierto. Continuamos nuestro viaje a Esquel, pasando por Corcovadoa eso de las 19 hs. (Donde recargamos nafta) El camino es todo de ripio con la complejidad que el tramo Corcovado – Esquel está en remodelaciones para su asfaltado, lo que hace que tenga desvíos y hasta un arroyo pequeño que atravesar. La noche se hizo a eso de las 19.30 hs. por lo que la parte final debimos hacerla con la luz de nuestras máquinas, viaje que se tornó mas lento y peligroso pero no menos atractivo y emocionante. Estábamos exhaustos cuando llegamos a casa a eso de las 22hs, totalmente blancos de polvo y cenizas pero felices de haber concretado otra aventura, con un recorrido de 298 km. (marcado por el tablero digital de mi Tornado) en un tiempo de 13 hs. de marcha casi ininterrumpida, un gasto total de apenas $ 20 de combustible cada uno aprox. y haber conocido otra pequeñísima porción de las inmensas e inigualables bellezas naturales de esta parte de nuestra patria y del territorio trasandino.
Mi eterno agradecimiento:
A mi amigo “Micho”,por permitirme compartir esta gran pasión de viajar juntos en moto, con quien disfrutamos de largas horas de viaje y nos entendemos hasta con un simple gesto o movimiento de cabeza cuando vamos marchando, sin necesidad siquiera de hablarnos.
A nuestras queridas esposas MARTA y ALBA, quienes con su apoyo, comprensión y especialmente “el aguante” ante nuestras largas “borradas” durante muchos fines de semana, nos permiten hacer realidad nuestros sueños de libertad y aventura.-
Por último a nuestros hijos; FACUNDO, que puso su granito de arena con sus habilidades en la compu para poder portear este artículo que compartimos con todos Vds., y JAVIER Y ALEJANDROquienes me ayudaron a completar el equipo que tanto me protege en mis travesías, los tres en un claro gesto de aprobación de lo que hace su padre, que valoro enormemente.
Espero que les haya gustado ésta, otra más de nuestras “pequeñas grandes” AVENTURAS EN MOTO. Saludos. José
Mi dirección: josear1955@hotmail.com
Gracias por vuestra paciencia y atención.
hola me encanto tu experiencia y aguante el aguante de tu pareja felicidades
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